Buenos vecinos

Hace unos trece años que me mudé a la casa donde hoy vivo: un barrio tranquilo, de casas bajas y jardines prolijos. En este barrio hay una pequeña iglesia, a unos cien metros de mi casa, de una religión cristiana no católica que no sé identificar con precisión.

Me enteré de la existencia de esta congregación cuando a los pocos días de mudarme a mi nueva casa alguien tocó el timbre, un sábado a media mañana. Era una pareja -de mujeres o de hombres, siempre recorren el barrio de a parejas y esas parejas sólo se componen de dos mujeres o bien de dos hombres-, que ofreció conversar acerca de la Biblia. Me negué con amabilidad, insistieron en dejarme unos folletos y se retiraron. Pensé que sería un episodio aislado, sin embargo desde entonces, y por un lapso de unos once años, de manera sistemática y periódica, volvieron los fieles a tocar el timbre de mi casa al menos una vez cada quince días.
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Clase de tango

Cuando el lider del grupo Guardia Tanguera señaló que debíamos olvidarnos del “paso básico”, debo confesar que me sentí aliviado: el “paso básico” en el tango es una figura que consta de ocho pasos, por más básico que sea se empeña en enredar la piernas torpes de este servidor y fracasa antes de comenzar todo intento de recibirme de porteño.

Pero esta vez, en el patio del rectorado de la Universidad Nacional de La Plata, el profe arrancó derribando un mito: “El paso básico”, dijo, “no es obligatorio, es sólo una figura más de las que hay tantas en el tango. De hecho”, agregó, “es muy difícil utilizar el paso básico en una milonga concurrida: uno suele estar más concentrado en no chocar con otras parejas”.
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Nieve en mi ciudad

nieve en gonnet

No es Bariloche, es la República de los Niños, nevada por primera vez en su historia.

Es un lugar común hablar de la nieve en estas horas, pero nunca tuve la pretensión de ser original.

Patriotismo acomplejado

Hoy se recuerda la muerte de Manuel Belgrano, prócer de la independencia de la Argentina y creador de la bandera, símbolo máximo de la patria que nacía en los diez últimos agitados años de su vida.

En su honor se celebra el Día de la Bandera, y en consecuencia las tapas de todos los diarios reflejan la presencia de la bandera más larga del mundo en los actos previstos. Una bandera de 13.000 metros de largo.
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Las tizas no se manchan con sangre.

Hoy somos todos Carlos Fuentalba.

La lucha de las mujeres

Menos mal que una propaganda de shampoo me acaba de desasnar y ahora sé cuál ha sido la lucha más importante en la historia de las mujeres.

No, no ha sido la lucha contra la esclavitud (que en algunos tiempos y lugares asumía formas mucho más crueles que la esclavitud de los hombres). Tampoco la lucha por los derechos civiles, ni menos aún por el trabajo digno. No ha sido por la igualdad de derechos y de trato, pero tampoco ha sido por los derechos sexuales y reproductivos…
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Secuestro virtual

La historia se repite con leves modificaciones todo el tiempo: llaman a tu casa, indagan con poca sutileza acerca de la composición familiar y luego (en el mismo o en otro llamado) afirman que justo ese miembro de la familia que no se encuentra en la casa está secuestrado y a veces malherido, y que el pago de un rescate con lo que tengas en ese momento es la condición para liberarlo.

El secuestrado, ingnorante de la situación, está fuera de casa pero por los motivos más triviales (trabajando, en una fiesta, haciendo mandados, o simplemente ya se ha independizado y no vive más allí).
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Capitalismo infantil y fiestas salvajes

“Las fiestitas infantiles son la expresión más acabada del capitalismo salvaje”, decretó un amigo mientras se abalanzaba sobre unas papafritas. Por supuesto, estábamos en la tradicional mesa “de los grandes” de un cumpleaños infantil mientras a pocos pasos el animador se ganaba esforzadamente unos dineros con distintas habilidades circenses.

Qué lo tiró, pensará más de uno, ¿no será mucho? Es probable. Sucede que el amigo en cuestión es escritor y su profesión le impone el mandato de ser original. Como casi todos los rasgos profesionales, se ha extendido sobre su carácter como una mancha de aceite y luego de varios años de darle al teclado, ahora siente que debe ser original siempre. No podía decir “qué lindas las fiestitas infantiles”. Tampoco “las fiestitas infantiles me aburren a morir”. No, él tenía que decir algo así como “las fiestitas infantiles son la expresión más acabada del capitalismo salvaje”
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Desastre ecológico

Finalmente la promiscua de nuestra gata tuvo sus hijos y el ecosistema hogareño se fue al carajo -nuevamente.

Para más detalles: los gatitos son nada menos que seis y la gata eligió de padrillo al gato más feo y berreta del barrio -lo que me recuerda cierto aspecto incomprensible del alma femenina-, circunstancia que hará mucho más difícil encontrar hogares dispuestos a adoptarlos.
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Vacaciones de Infierno

Las vacaciones de invierno se han hecho para padecerlas. Es probable que ése sea un comentario de viejo choto, lo sé, creo recordar que cuando estaba en edad escolar esperaba esa tregua de dos semanas con la misma ansiedad que hoy espero el timbre de reinicio de clases.

¿Pero acaso alguien puede caminar por una cuadra medianamente céntrica sin que hordas de párvulos -mientras empujan, se tropiezan, nos hacen tropezar, gritan y se pelean- provoquen pensamientos criminales? ¿Queda algo por hacer en una ciudad mediana que no esté destinado con exclusividad al público infantil? Sí, claro, una película en el horario de las 23.00 hs, pero para poder verla hay que sentarse en una butaca pringosa de caramelos y pochoclos.
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Guerra de peluqueros

La visita mensual a la peluquería está comenzando a incomodarme.

No es por coquetería, aunque siempre me ha inquietado la visita al peluquero. Inevitablemente me veo ridículo en el espejo luego de atravesar las tijeras, y nunca he sabido qué contestar frente a la eterna pregunta “Las orejas… ¿tapadas o destapadas?”. Jamás puedo recordar qué contesté en la visita anterior y qué resultados obtuve, por cuestiones como ésa en alguna época suspendí la visita al peluquero y anduve con el pelo por la mitad de la espalda por varios años. Ya no es posible repetir esa receta: con la frente que tiende a despoblarse mi aspecto sería levemente patético.
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Extraña calma de sábado a la noche

Calma extraña la de este sábado a la noche.

El niño con su abuela, la niña en una fiesta con sus amigas; la madre, mi esposa, concentrada en el romance de una peli azucarada.
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