Archivos de la categoría Personal

Gin tonic

Sabino Díez, foto de El Comercio.

Sabino Díez es el barman estrella de los premios Princesa de Asturias. Dice que cuando conoce a una persona, sabe qué trago debe prepararle. En mi caso, prepararía un gin tonic especial, según indicó sin dudar ni un instante cuando le pregunté.

Estábamos en el enorme vestíbulo del Hotel de la Reconquista, la mañana de la ceremonia de entrega de los premios Princesa de Asturias 2015. El diario El Comercio le había dedicado a Sabino la contratapa y en cuanto se acercó aproveché para felicitarlo. Lo vi conmovido, y me contó una anécdota de un familiar (un hermano quizás, pero mi memoria me falla en este punto). Su, digamos, hermano, es odontólogo, pero además tiene afición por la pintura y suele realizar retratos. Pero es incapaz de pintar un rostro si antes no se toma un tiempo para conocer al retratado. “Me sucede lo mismo con las bebidas”, me dijo entonces Sabino, “me apasiona mi profesión, y lo que más me gusta es que cuando logro conocer a alguien, de inmediato sé qué bebida debo prepararle”. Sigue leyendo Gin tonic

¿Ciudad del futuro?

Sello postal conmemorativo del centenario de la fundación de La Plata
Sello postal conmemorativo del centenario de la fundación de La Plata

Los platenses tenemos impresas en nuestros genes las ideas de modernidad, de progreso, de futuro. La novedad de que una ciudad se podía construir a partir de una idea dibujada en un plano y no sobre la acumulación fortuita y caótica de vecindades quizás sea el origen de esta seña de identidad.

También contribuyó el espíritu higienista y racional de la época, personalizado en Pedro Benoit y en el trazado simétrico de la nueva urbe, con amplias calles y avenidas, parques y plazas dispuestos a intervalos regulares, y diagonales que desde siempre los lugareños entendimos como atajo y los extranjeros como laberinto.

La inauguración del alumbrado eléctrico en 1886 -primera ciudad en Sudamérica en contar con ese servicio-, o los experimentos para propulsar el tranvía con electricidad en 1892, y la obtención de la medalla dorada en la categoría “Ciudad del Futuro” en la Exposición Universal de París de 1889 también contribuyeron a fortalecer la imagen innovadora que los platenses tenemos de nuestra propia ciudad.

Lo cierto es que más acá de esas marcas tan lejanas en el tiempo y tan vinculadas al nacimiento de la ciudad, poco hemos hecho los platenses para seguir mereciendo nuestra propia fantasía de ciudad modelo. La destrucción del transporte público que comenzó con el desmantelamiento del tranvía en la década del 60 pero se profundizó ya entrado el siglo 21, el crecimiento caótico de la periferia, las políticas erráticas de planificación urbana, el tránsito vehicular desbordado que hace que nuestras calles sean de las más peligrosas del país si miramos las estadísticas de accidentes de tránsito con lesiones graves y muertes, la peśima calidad en la provisión de los servicios básicos, entre otros, han dejado a la ciudad del futuro en la categoría de mito fundacional del que, a pesar de todo, todavía alardeamos.

En este contexto, se producen debates incomprensibles. En todo el mundo, una de las principales tendencias vinculada a la mejora de los ámbitos urbanos está relacionada con la ampliación de la superficie del espacio público destinado a la circulación de peatones, ciclistas y transporte masivo de pasajeros, en detrimento de la circulación de vehículos particulares cuyo uso se desalienta de manera creciente. En La Plata, hace una semana que venimos observando una discusión absurda por la eliminación de cuatro o cinco sitios de estacionamiento debido a la ampliación de una vereda en una de las zonas con mayor tránsito peatonal.

Para calificar esta pretensión se han utilizado adjetivos tales como “disparate”, “atropello” y “mamarracho”. ¿Defender cuatro o cinco espacios de estacionamiento vale el empleo de semejantes calificativos? ¿Puede alguien construir una épica por la defensa de un lugar para estacionar vehículos particulares?

Pero no termina allí el pretendido disparate: la ampliación de la vereda se realiza en el frente de un establecimiento educativo: la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

Es importante señalar que quienes se escandalizan no sólo priorizan un puñado de espacios de estacionamiento por sobre la seguridad y comodidad de los peatones, incluyendo los miles de jóvenes que cursan sus estudios, sino que además el estacionamiento en ese sitio está claramente prohibido por la legislación vigente: “No se debe estacionar ni autorizarse el mismo […] Frente a la puerta de hospitales, escuelas y otros servicios públicos, hasta diez metros a cada lado de ellos, salvo los vehículos relacionados a la función del establecimiento […]” señala sin ninguna ambigüedad el Decreto Provincial 40/07, así como la Ley Nacional 24.449.

¿Es acaso la primera vez que algo así sucede en la ciudad de La Plata, y por eso tanta consternación? En absoluto, en calle 8 de 46 a 51 y calle 12 de 54 a 60, por citar los dos ejemplos más emblemáticos, se ha realizado la misma operación de ampliación de veredas a expensas del estacionamiento vehicular, de manera mucho más extendida, con obvios beneficios tanto para los peatones como para la actividad comercial. También existen los ejemplos contrarios: veredas que se han reducido para priorizar a los vehículos particulares, en una operación que sí debería ser considerada ridícula y escandalosa: en hoteles, escuelas privadas y oficinas públicas que no voy a tomarme el trabajo de enumerar pero que están a la vista de todos.

Mucho se insiste en que no sólo se quitan estacionamientos, también se restaría espacio para la circulación vehicular. Nada más falso: en todo caso eso sucede por el estacionamiento irregular de taxistas y particulares que antes se hacía en doble fila y ahora junto a la nueva vereda. Nada ha cambiado en ese sentido. Y vale recordar que la parada de taxis se encuentra a la izquierda de manera excepcional y provisoria hasta la finalización de las obras que se están realizando sobre la derecha.

Los indignados la han llamado “vereda VIP”. Lo que suelo observar es que la mayor parte de los transeúntes que la utilizan son estudiantes universitarios, jubilados que van a cobrar su pensión al Banco Nación y personas de condición humilde que también se acercan al Banco a retirar su ayuda social. Enhorabuena que a todos ellos se los considere “personas muy importantes”.

A menos que decidamos ir de manera definitiva por el camino que señala uno de los lectores que comenta en la nota del 19 de febrero del diario “El Día”: “… en estos tiempos que el parque automotor como la ciudadanìa aumentó en forma desproporcionada, se debería sacar a todas las veredas de la ciudad 2 metros…”. Hagámoslo, y entonces, de una vez y para siempre, desterremos de nuestra identidad platense la fantasía hipócrita de ciudad modelo.

De cuartos y de hoteles

Los diseñadores de cuartos de hoteles deberían dormir en sus propias creaciones. Quizás de esa manera se darían cuenta que resulta inconveniente poner el enchufe más cercano a la cabecera de la cama a unos tres metros de distancia de la misma.

Imposible, por ejemplo, recargar el celular (tarea propia de las horas de sueño) y utilizarlo al mismo tiempo de despertador.

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Umami… ¿con qué se come eso?

La Wikipedia requiere de un mantenimiento constante para ser una enciclopedia y no una caótica colección de páginas sin sentido ni orden. A cada instante, decenas de wikipedistas (o cientos o quizás miles si consideramos todas las versiones en los más de 260 idiomas que tiene Wikipedia) verifican que las nuevas ediciones aporten contenido relevante, corrigen u ordenan el nuevo contenido si es necesario, o marcan con un cartelito que dice “destruir” las entradas que no se ajustan a los mínimos estándares que establece la comunidad.

Los bibliotecarios son quienes deben ejecutar ese “destruir”. Pero a veces sucede que el bibliotecario no comparte el criterio de su colega, y rescata el artículo que se había enviado a la hoguera. Estas diferencias de criterios son tan viejas como la propia Wikipedia: los debates entre inclusionistas versus delecionistas son constantes, aunque los contornos de cada grupo cambian con el tiempo. Cuando fui electo bibliotecario me consideraba un delecionista a ultranza pero hoy suele haber tanta avidez por borrar que supongo que me he cambiado de vereda (o quizás es que las veredas han cambiado de lugar). Es así que suelo encontrarme con artículos marcados para borrar que, sin ser grandes artículos, cumplen con todos los requisitos de un buen esbozo.

Uno de los últimos artículos que he rescatado de la guillotina fue umami. Como se trata de una palabra japonesa (うま味) que significa “sabroso”, un wikipedista entendió que el artículo se limitaba a traducir una expresión en otro idioma. Obviamente, la Wikipedia no es un diccionario bilingüe. Pero la entrada no era una mera traducción.

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Ciudad de la furia

Tlalpan

Las callecitas de Tlalpan, en la zona sur de la ciudad de México, combinan antiguos empedrados, vivos colores, ventanas y rejas que sobreviven a líneas hispanas de un pasado remoto, altísimos muros que se prolongan con alambrados electrificados, sombríos portones de hierro y ominosos rollos de púas que sorprenden al caminante desprevenido.

Escribo sobre Tlalpan, cuyo hermoso zócalo, su antigua Iglesia y los frescos que engalanan el edificio de la Delegación casi que lo redimen, pero podría referirme a cualquier colonia suburbana de México DF o a otra metrópolis de esta región del mundo, tal parece ser la tendencia de las grandes ciudades latinoamericanas.
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Buenos vecinos

Hace unos trece años que me mudé a la casa donde hoy vivo: un barrio tranquilo, de casas bajas y jardines prolijos. En este barrio hay una pequeña iglesia, a unos cien metros de mi casa, de una religión cristiana no católica que no sé identificar con precisión.

Me enteré de la existencia de esta congregación cuando a los pocos días de mudarme a mi nueva casa alguien tocó el timbre, un sábado a media mañana. Era una pareja -de mujeres o de hombres, siempre recorren el barrio de a parejas y esas parejas sólo se componen de dos mujeres o bien de dos hombres-, que ofreció conversar acerca de la Biblia. Me negué con amabilidad, insistieron en dejarme unos folletos y se retiraron. Pensé que sería un episodio aislado, sin embargo desde entonces, y por un lapso de unos once años, de manera sistemática y periódica, volvieron los fieles a tocar el timbre de mi casa al menos una vez cada quince días.
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Carl Sagan, SETI, IAR y recuerdos de la infancia

iar

Hace alrededor de veinticinco años conocí el Instituto Argentino de Radioastronomía. Se trata de una estación científica en un campo de varias hectáreas escondido en el Parque Pereyra, cerca de la localidad platense de Villa Elisa.

En ese entonces, uno de mis compañeros en el equipo de atletismo era el hijo del responsable del predio, y en algunas ocasiones nos reuníamos en el IAR donde era habitual ceder a la tentación de trepar por las estructuras tubulares de la enormes antenas parabólicas que apuntan siempre hacia el cielo. Para nosotros, antes que un centro científico era un magnífico parque de diversiones
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Como dar de baja un servicio CTI Móvil sin morir en el intento

Quizás el CTI del título podría cambiarse por el de cualquier operador de telefonía celular: si uno revisa las estadísticas de la Subsecretaría de Defensa del Consumidor encontrará que el rubro es una de las estrellas de todos los rankings de reclamos.

Sin embargo, mi experiencia concreta ha sido con CTI: luego de meses de intentar dar de baja un servicio de telefonía celular, finalmente lo he logrado. Para que otras personas eviten perder el tiempo y el dinero que yo he perdido, es que escribo este artículo cuyo consejo básico es: envíen una Carta Documento. Cualquier otra vía sólo demora el trámite, aumenta el costo del mismo (porque mientras no se produce la baja hay que seguir pagando) y multiplica la frustración.
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