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¿Ciudad del futuro?

Sello postal conmemorativo del centenario de la fundación de La Plata
Sello postal conmemorativo del centenario de la fundación de La Plata

Los platenses tenemos impresas en nuestros genes las ideas de modernidad, de progreso, de futuro. La novedad de que una ciudad se podía construir a partir de una idea dibujada en un plano y no sobre la acumulación fortuita y caótica de vecindades quizás sea el origen de esta seña de identidad.

También contribuyó el espíritu higienista y racional de la época, personalizado en Pedro Benoit y en el trazado simétrico de la nueva urbe, con amplias calles y avenidas, parques y plazas dispuestos a intervalos regulares, y diagonales que desde siempre los lugareños entendimos como atajo y los extranjeros como laberinto.

La inauguración del alumbrado eléctrico en 1886 -primera ciudad en Sudamérica en contar con ese servicio-, o los experimentos para propulsar el tranvía con electricidad en 1892, y la obtención de la medalla dorada en la categoría “Ciudad del Futuro” en la Exposición Universal de París de 1889 también contribuyeron a fortalecer la imagen innovadora que los platenses tenemos de nuestra propia ciudad.

Lo cierto es que más acá de esas marcas tan lejanas en el tiempo y tan vinculadas al nacimiento de la ciudad, poco hemos hecho los platenses para seguir mereciendo nuestra propia fantasía de ciudad modelo. La destrucción del transporte público que comenzó con el desmantelamiento del tranvía en la década del 60 pero se profundizó ya entrado el siglo 21, el crecimiento caótico de la periferia, las políticas erráticas de planificación urbana, el tránsito vehicular desbordado que hace que nuestras calles sean de las más peligrosas del país si miramos las estadísticas de accidentes de tránsito con lesiones graves y muertes, la peśima calidad en la provisión de los servicios básicos, entre otros, han dejado a la ciudad del futuro en la categoría de mito fundacional del que, a pesar de todo, todavía alardeamos.

En este contexto, se producen debates incomprensibles. En todo el mundo, una de las principales tendencias vinculada a la mejora de los ámbitos urbanos está relacionada con la ampliación de la superficie del espacio público destinado a la circulación de peatones, ciclistas y transporte masivo de pasajeros, en detrimento de la circulación de vehículos particulares cuyo uso se desalienta de manera creciente. En La Plata, hace una semana que venimos observando una discusión absurda por la eliminación de cuatro o cinco sitios de estacionamiento debido a la ampliación de una vereda en una de las zonas con mayor tránsito peatonal.

Para calificar esta pretensión se han utilizado adjetivos tales como “disparate”, “atropello” y “mamarracho”. ¿Defender cuatro o cinco espacios de estacionamiento vale el empleo de semejantes calificativos? ¿Puede alguien construir una épica por la defensa de un lugar para estacionar vehículos particulares?

Pero no termina allí el pretendido disparate: la ampliación de la vereda se realiza en el frente de un establecimiento educativo: la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

Es importante señalar que quienes se escandalizan no sólo priorizan un puñado de espacios de estacionamiento por sobre la seguridad y comodidad de los peatones, incluyendo los miles de jóvenes que cursan sus estudios, sino que además el estacionamiento en ese sitio está claramente prohibido por la legislación vigente: “No se debe estacionar ni autorizarse el mismo […] Frente a la puerta de hospitales, escuelas y otros servicios públicos, hasta diez metros a cada lado de ellos, salvo los vehículos relacionados a la función del establecimiento […]” señala sin ninguna ambigüedad el Decreto Provincial 40/07, así como la Ley Nacional 24.449.

¿Es acaso la primera vez que algo así sucede en la ciudad de La Plata, y por eso tanta consternación? En absoluto, en calle 8 de 46 a 51 y calle 12 de 54 a 60, por citar los dos ejemplos más emblemáticos, se ha realizado la misma operación de ampliación de veredas a expensas del estacionamiento vehicular, de manera mucho más extendida, con obvios beneficios tanto para los peatones como para la actividad comercial. También existen los ejemplos contrarios: veredas que se han reducido para priorizar a los vehículos particulares, en una operación que sí debería ser considerada ridícula y escandalosa: en hoteles, escuelas privadas y oficinas públicas que no voy a tomarme el trabajo de enumerar pero que están a la vista de todos.

Mucho se insiste en que no sólo se quitan estacionamientos, también se restaría espacio para la circulación vehicular. Nada más falso: en todo caso eso sucede por el estacionamiento irregular de taxistas y particulares que antes se hacía en doble fila y ahora junto a la nueva vereda. Nada ha cambiado en ese sentido. Y vale recordar que la parada de taxis se encuentra a la izquierda de manera excepcional y provisoria hasta la finalización de las obras que se están realizando sobre la derecha.

Los indignados la han llamado “vereda VIP”. Lo que suelo observar es que la mayor parte de los transeúntes que la utilizan son estudiantes universitarios, jubilados que van a cobrar su pensión al Banco Nación y personas de condición humilde que también se acercan al Banco a retirar su ayuda social. Enhorabuena que a todos ellos se los considere “personas muy importantes”.

A menos que decidamos ir de manera definitiva por el camino que señala uno de los lectores que comenta en la nota del 19 de febrero del diario “El Día”: “… en estos tiempos que el parque automotor como la ciudadanìa aumentó en forma desproporcionada, se debería sacar a todas las veredas de la ciudad 2 metros…”. Hagámoslo, y entonces, de una vez y para siempre, desterremos de nuestra identidad platense la fantasía hipócrita de ciudad modelo.