Enero 16th, 2006 — Derechos digitales

Durante muchos años lo hicieron a escondidas: por ejemplo, las sucesivas reformas “Mickey Mouse” a la legislación norteamericana, llamadas así debido a que cada vez que el ratoncito estaba por entrar en el dominio público una modificación legislativa le regalaba años de gracia a la Walt Disney Co., eran el resultado de gestiones con toda seguridad importantes pero siempre discretas.
Ahora la industria y los legisladores han perdido toda timidez: San Bulte, miembro del congreso canadiense y en medio de un escándalo por recibir el apoyo de los lobbies empresarios a favor del endurecimiento de las leyes del copyright, dice con toda franqueza: “¿Como se supone que debo conseguir dinero? Esta gente me sostiene económicamente por mi postura con respecto al copyright, estoy siendo completamente transparente”.
Más sobre este tema en El blog de Enrique Dans y en Mangas Verdes.
Noviembre 2nd, 2005 — Derechos digitales, Futuro, Política
Resulta curioso cómo distintos procesos van reemplazando a la voluntad popular en los países democráticos. Desde que existe el legislador como concepto y como realidad histórica es conocido que los hechos son generalmente más tozudos que las leyes, y que legislar contra la costumbre es una idea aventurada y por lo general inútil.
Pero en este post no intento referirme a fenómenos que la tradición jurídica conoce tan bien, sino a cuestiones algo más novedosas y con efecto sociales y políticos más delicados.
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Abril 12th, 2005 — Derechos digitales, Futuro, Política
Desde tiempos inmemoriales existió el deseo de los poderosos de controlar a sus semejantes incluso más allá de la posibilidad de obtener obediencia y sumisión. La fantasía máxima de reyes y dictadores ha sido conocer y dirigir los pensamientos íntimos de las personas.
La fantasía trágica de la dictadura perfecta la esboza como nadie antes el escritor inglés Georges Orwell, en su novela 1984, donde describe una sociedad conducida por una combinación exacta de terror, propaganda y vigilancia extrema. La expresión Gran Hermano, popularizada por patéticos experimentos televisivos, simboliza la observación permanente de todos los actos de los ciudadanos, la pérdida de cualquier derecho a la intimidad y por ende, del derecho a la identidad de los individuos.
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