La Universidad de Princenton avanza hacia el acceso abierto

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Nota: La versión original de este artículo fue escrita en inglés por Sunanda Creagh y publicada en The Conversation. Para ver el artículo original, por favor, visite The Conversation.

La Universidad de Princeton, prestigiosa institución académica de los Estados Unidos,  ha prohibido a sus investigadores ceder los derechos de autor de sus artículos académicos a los editores de revistas científicas, excepto en ciertos casos en que puede otorgarse una dispensa.

La nueva norma es parte de una política de acceso abierto destinada a ampliar el alcance del trabajo académico y procurar que las editoriales adapten los contratos estándar que normalmente requieren la exclusividad de los derechos de autor como condición de su publicación.

Las universidades pagan millones de dólares al año en suscripciones a revistas académicas. Quienes no están suscriptos a esas publicaciones, por costos de hasta 25.000 dólares al año en el caso de algunas revistas o cientos de dólares por un solo ejemplar, a menudo no pueden acceder a investigaciones que son financiadas por los contribuyentes. El acceso a artículos individuales habitualmente también requiere un pago.

Los pares investigadores y revisores académicos no reciben dinero por su trabajo de arbitraje, pero los editores de publicaciones científicas sostienen que dicho modelo de negocios es imprescindible para mantener la calidad.

En una reunión del pasado 19 de septiembre, el Consejo Consultivo Político de la Universidad de Princeton adoptó una nueva política de acceso abierto que garantiza a la universidad “el derecho no exclusivo de publicar copias de los artículos académicos escritos por sus profesores, a menos que un profesor solicite expresamente una excepción”.

“La Universidad autoriza a los profesores a publicar copias de sus artículos en sus propios sitios web o en los sitios web de la Universidad, o en otros sitios de acceso gratuito”, establece esta nueva política.

“El principal efecto de esta nueva política es evitar que se cedan todos los derechos cuando [los investigadores] publiquen en una revista científica”.

Bajo esta política, los investigadores otorgan a la Administración de la Universidad de Princeton “una licencia no exclusiva, irrevocable, en todo el mundo para ejercer los derechos de autor en todos y cada uno de sus artículos académicos publicados en cualquier medio, actual o futuro, bajo la condición que la Universidad no lucrará con esa publicación, y autorizar a otros a hacer lo mismo”.

En los casos en que las revistas se nieguen a publicar un artículo sin la cesión del derecho de autor a la editorial, el académico puede solicitar una excepción de la política de acceso abierto de la Universidad.

Los responsables reconocieron que esto puede hacer que la norma sea poco eficaz en la práctica, pero sostuvieron que las políticas de acceso abierto pueden utilizarse “para que las editoriales adapten sus modelos de contratos para que las excepciones no sean necesarias, o lo sean de forma limitada de manera tal que retrasen el acceso abierto sólo unos pocos meses”.

Los científicos también serán estimulados a publicar sus trabajos en sitios de acceso abierto tales como Arxiv o en repositorios digitales universitarios.

Un paso adelante

Después de que prestigiosas universidades como Princeton y Harvard enarbolaran la bandera del acceso abierto, uno de los defensores de esta causa, el profesor Simon Marginson del Centro de Estudios sobre Educación Superior de la Universidad de Melbourne, sostuvo que:

“Habiendo logrado que el conocimiento libre fluya, y desarrollado publicaciones de acceso abierto en la web como la forma principal de publicación en vez de revistas oligopólicas sujetas a barreras de precios, ahora veremos si este movimiento puede externderse más en la investigación de punta y en las instituciones académicas”, dijo.

“En esencia, este enfoque -si se generaliza- normaliza un régimen de acceso abierto y ofrece a los autores la posibilidad de optar por ese régimen. Esta es una gran mejora respecto de la situación actual, en que las restricciones de derechos de autor y las barreras de precios son la norma; los autores tienen que tratar de publicar en medios de acceso abierto, o arriesgar ser demandados por publicar sus propios trabajos violando los derechos de las revistas científicas.”

“Los únicos que pierden con la propuesta de Princeton son las grandes editoriales de revistas científicas. Todos los demás ganan”.

El profesor Tom Cochrane, Vicerrector de Tecnología, Información y Apoyo al Aprendizaje de la Universidad de Tecnología de Queensland, que también ha liderado una política de acceso abierto en su Universidad, saludó la decisión de Princeton, pero advirtió que las excepciones no deben ser utilizadas con regularidad, a fin de que esta política no sea socavada.

Si todas las universidades e instituciones de investigación a nivel mundial tuvieran políticas similares a las de Princeton, la propiedad final de los trabajos publicados sería de las universidades y de sus comunidades de investigadores de manera colectiva, afirmó Cochrane.

“Ellos son la fuente de todo el contenido que los editores necesitan para que su modelo de negocios funcione”, dijo.

El Dr. Danny Kingsley, un experto en acceso abierto y gerente de Comunicación Científica y Publicación Electrónica de la Universidad Nacional de Australia dijo que la medida era un paso positivo y que la presión por el acceso abierto debería provenir de la comunidad académica.

En la práctica, sin embargo, esta nueva política requiere que los académicos tenga una mejor comprensión de los acuerdos de derechos de autor que actualmente tienen con los editores de revistas en su campo.

Tendrán que asegurarse que los futuros acuerdos con los editores se adapten a esta política o en caso contrario, deberán obtener una excepción de parte de la Universidad.

“Esto parece fácil pero en realidad podría ser un desafío para algunos investigadores. Hay considerable evidencia que demuestra que los académicos a menudo entienden muy poco cuál es la situación de derechos de autor de su propia obra ya publicada”, afirmó.

“Lo más importante será la reacción de los editores durante el próximo año. Si empiezan a ofrecer acuerdos a los académicos de Princeton adaptados a esta política, la puerta estará abierta para que otras universidades puedan seguir este ejemplo. Sin embargo, sospecho que no lo harán, porque generalmente la tendencia de los editores parece ser la de poner obstáculos y dificultades al acceso abierto”.

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