Entre las metáforas predilectas de los militantes por el software libre siempre ha estado aquella de la cocina: imaginemos que las restricciones del copyright se aplicaran a las recetas de cocina tal como se hace con el software. El arte de cocinar una milanesa no se podría enseñar ni reproducir sin pagar al dueño del copyright. Absurdo.
Pues bien, esa metáfora ya no sirve: nos enteramos por nuestra amiga Beatriz Busaniche que un chef alemán, a cargo de la cocina del restaurante La Pérgola, en Roma, ha solicitado copyright para sus recetas, y como nunca falta un roto para un descosido (decía mi abuela), la SIAE (la entidad de gestión de derechos de autor en Italia) ha comenzado a considerar seriamente el tema. Ya me imagino la publicidad en tono catástrofe: “Piratear recetas es un delito”.
Actualización y agregado: aquí hay una simpática historieta premonitoria.