…es lo que primero viene a la cabeza cuando uno se da cuenta que la última entrada en este blog data de hace un mes atrás. Y cuando pienso en la palabra fiaca, me acuerdo de una curiosidad que tuve durante muchos años y que Roberto Arlt -como no podía ser de otra manera- supo contestar.
Resulta que en estas costas del Río de la Plata, la fiaca se entiende como un desgano infinito e insuperable, mientras que en la costa de enfrente, como sabrá cualquiera que haya aprendido a hablar uruguayo básico, significa hambre, y no poca.
Siempre me había parecido sorprendente que un vocablo del habla popular tuviera significados tan precisos como diferentes a pocos kilómetros de distancia.
Hasta que encontré un aguafuerte del amigo Arlt, que escribe en una época cercana a las corrientes inmigratorias de principios del siglo XX. Ya en aquel entonces esta palabra se utilizaba como sinónimo de desgano, pero la memoria popular aún recordaba al padre de los gemelos fiaca.
Dice el autor de “El juguete rabioso“, en 1933: “La “fiaca” en el dialecto genovés expresa esto: “Desgarro físico originado por la falta de alimentación momentánea”. Deseo de no hacer nada. Languidez. Sopor. Ganas de acostarse en una hamaca paraguaya durante un siglo. Deseos de dormir como los durmientes de Efeso durante ciento y pico de años.”
Y agrega: “Comunicábame un distinguido erudito en estas materias, que los genoveses de la Boca cuando observaban que un párvulo bostezaba, decían: “Tiene la “fiaca” encima, tiene”. Y de inmediato le recomendaban que comiera, que se alimentara.”
Eureka. La palabra, en estas costas, ha heredado la parte del sopor, en la orilla de enfrente, la parte de la inanición. Si al fin y al cabo las herencias sociales y culturales se comportan muy parecidas a las genéticas y naturales.