En medio de una pausa de las tareas de oficina, el amigo Alejandro me mostró un compacto con la grabación de un recital mítico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en la disco Palladium, allá por 1986. Fue por la época del segundo disco de la banda, y de hecho el disco, que cualquier idiota llamaría pirata, tiene la misma estética de tapa que Oktubre, tal el nombre del album oficial.
También tenía esa estética cuando la misma grabación, a pocos días del recital, comenzó a circular por La Plata, en aquella época encorsetada dentro de un cassette de audio que podía conseguirse de mano en mano o preguntando con cierta discreción en un negocio de discos por la zona de la Facultad de Ciencias Económicas, el mismo lugar donde se conseguían entradas para esos recitales sin publicidad que se hacían en la época de transición desde el sótano hacia la masividad.
Los Redondos, ya antes de Palladium, era una banda de culto, y la propia banda se encargaba de estimular una subcultura y una estética de tribu, con signos propios, rituales inventados y un circuito informal pero efectivo de distribución de su arte.
Antes de 1985 la banda no había editado disco alguno, pero ya llevaban más de diez años trajinando escenarios, con un espectáculo circense al principio, pero con el tiempo ajustando la brújula hacia el norte del rock. Para esa época, pese a no existir discos oficiales, ya circulaban grabaciones al estilo de Palladium, recuerdo una cinta grabada en Cemento y otra del Parakultural, pero existieron decenas que recorrían este circuito informal de difusión y distribución.
Los Redondos, evidentemente, conocían y alentaban esta práctica. No se entendería, de otra manera, que las grabaciones de sus recitales estuvieran en la calle como piratas a las pocas horas de realizados los mismos, y con calidad bastante respetable, lo que siempre alimentó la presunción de que era el registro directo de la consola.
Jamás leí ni escuché declaración alguna de los protagonistas quejándose de la “mafia de la piratería” así como jamás tuvieron la peregrina idea de insultar a sus propios seguidores acusándolos de ladrones, algo tan de moda en la actualidad. Al contrario. Recuerdo la cola para ingresar a un recital en La Plata, en 1989, antes de la salida de Bang! Bang! Estás liquidado. En esa espera la diferencia entre pertenecer y no pertenecer consistía en saber cantar “La Parabellum del buen Psicópata”, tema que sólo podía haberse aprendido con esas copias pretendidamente truchas puesto que era un tema que formaba parte del disco próximo a salir. Por supuesto, sólo algún recién llegado a la tribu se perdía en la letra de la canción, pero la muchedumbre no dudaba en ninguna estrofa.
Es curioso que desde los ’80, pero también después, cuando era la banda de rock más importante del la escena nacional, muchas de las canciones más coreadas por sus seguidores eran aquellas que jamás se editaron “oficialmente”.
Siempre creí que hubo una inteligencia poco común detrás de aquella estrategia que invirtió mucho tiempo en crear un público y una mística, en lugar de apurar la salida de discos y reprimir todo canal no oficial de difusión de la música, como indica con toda claridad el manual del músico domesticado y el decálogo de la industria musical.
Y siempre pensé que debería ser una lección para toda banda joven con pretensiones. Hay que escapar al menos por un rato de la cantinela hipnótica de las grabadoras, de la propaganda machacona de CAPIF y sus socios, de los que pregonan que compartir música es el camino de la ruina creativa, además de la ruina económica de los artistas. Los Redondos es uno de los mejores ejemplos de que todo eso es una falacia insostenible. Poner la música al alcance del público, por el medio más eficaz que se disponga -que hoy es internet y las redes P2P- es la forma más sabia de conseguir, precisamente, un público.
El Indio Solari, Skay Beillinson, la Negra Poli, no ganarían un peso de los cassettes “piratas” que largaban al océano, porque aún yendo al “distribuidor oficial” el precio era ridículamente barato, y siempre se podía grabar el que tenía un amigo. Pero al final del recorrido, no sólo convocaron a decenas de miles en cada recital, sino que se hicieron millonarios, y con todo derecho.
Agregado del 24 de agosto: Frase imperdible del Indio Solari que olvidé de manera imperdonable mientras escribía este post que encuentro hoy en una vieja nota de Página/12: “… en los “™80, el Indio Solari solía anunciar algún tema nuevo de los Redondos con la frase “preparen los grabadores”?.”