La verdad es que a esta altura no sorprende nada, León, que estés encabezando la cruzada con ribetes fascistas de los chupasangres de la “industria cultural”: ya hace rato que mostraste la hilacha cuando accediste a ser la cara principal de la campaña “Todo empieza con una canción”.
¿Qué hubieras pensado, León, si en tu Cañada Rosquín natal hubiera aparecido un recaudador de impuestos para revisar si habías comprado el original de cada uno de los discos de Los Beatles o los Rolling Stones? ¿Cuál hubiera sido tu derrotero si por interpretar las canciones de esas mismas bandas con tu banda Los Moscos, te hubieran tratado de delincuente?
En tu recordada gira “De Ushuahia a La Quiaca”, donde copiaste ritmos, melodías y estilos ancestrales, ¿pagaste derechos de autor? ¿O es que cuando vos copiás, es arte y creación, y cuando otro copia es robo?
En tu país de la libertad compartir es delito, a menos que alguien te pague por hacerlo. Tu país de la libertad es el país de Bush con su Ley de Copyright del Milenio Digital, es el de Sarkozy con sus Acuerdos Oliviennes. En tu país de la libertad hay que exacerbar los plazos, el control y las penas vinculadas al derecho de autor, aunque ello conduzca a un camino de restricción de derechos individuales inaceptable, esterilice la cultura y niegue el acceso a los bienes comunes a gran parte de nuestros vecinos.
En tu país de la libertad, León, no hay libertad.