Hace algún tiempo escribí un post modesto y olvidable que llevaba de título Beto Casella y los piratas. No era nada del otro mundo: apenas un comentario acerca de la web de Beto (no hay link, lo siento, esa web ya no existe) y del hurto poco sutil de algunos artículos de Hernán Casciari, por cierto, no sus artículos más inspirados sino los más burdos y ramplones. En fin, cuestión de gustos.
La cuestión es que con el tiempo, ese artículo se convirtió en uno de los más populares de este blog: no hay semana en que un recién llegado no deje su comentario. Pero no una reflexión acerca del plagio, ni de la creatividad, ni de la autoría -o la falta de- en la cultura popular. Sino un simple y sencillo “Grande Beto, te sigo todas las mañanas, sos un grande papá”.
Cada vez que sucede, me maravillo. Se ve que hay un montón de gente buscando a Beto Casella por internet, y que al no encontrar signos de vida, se ilusionan con que cualquier sitio que lo mencione con cierta convicción tiene algún vínculo directo con él. No importa que ese sitio lo esté descalificando (como ingenuamente creí hacer al escribir aquél artículo), alcanza con que se lo mencione para merecer un “ídolo, mandale saludos al wachón que me hace cagar de risa”.
Al principio intenté corregir a los que escribían, hacerles notar su contradicción. Luego pensé que era una estupidez de mi parte, y en cambio aboné algunas reflexiones acerca del uso que hacen de la web quienes pretenden tener alguna presencia en el ciberespacio.
Porque Beto Casella tenía un sitio oficial, que cerró inmediatamente después del barullo que le generó el plagio a Casciari. Beto Casella es un personaje de éxito en los medios masivos porteños, tiene las horas de más audiencia en la radio más escuchada y su silueta siempre se dibuja en los programas de la TV abierta. Capacidad para producir un sitio web que al menos le permita regalar una ilusión de contacto personal a sus oyentes y seguidores, no le falta. Y que hay una pequeña multitud que lo busca por el ciberespacio, no me caben dudas: este blog es el último orejon del tarro del ciberespacio, pero un tercio de las visitas diarias no buscan ningún otro de mis artículos, sino al inefable Beto.
Sin embargo, el sitio web de Beto Casella, cuando existía, era berreta por la concepción, por el diseño, por la gestión de contenidos (que le generó ese problema de plagio), y por sus mecanismos de feedback con su propio público, limitados a un sistema de foro anticuado, incómodo e ineficaz. ¿Era culpa de Casella? Sin dudas era su responsabilidad, sin embargo yo creo que Casella reproducía limitaciones que comparten casi todos los personajes de este rincón del mundo cuando quieren asomar por internet: no saben bién que hacer ni para qué sirve, y, aún más grave, quienes les venden las soluciones son mucho más ignorantes e incompetentes que ellos.
Hay quienes creen que un sitio en internet equivale a una publicidad estática en un medio gráfico, quienes piensan que poner su foto en una página equivale a que millones de internautas inmediatamente accederán a esa imagen, quienes suponen que todo lo que circula por la web es de uso público -aunque se escandalizarán cuando alguien siquiera los cite sin permiso-, quienes sospechan que el mejor sitio es el más bonito, o que los efectos multimedia más sofisticados generan público y admiración. Pero lo más curioso de todo esto, es que quienes los asesoran, quienes les ofrecen presencia web, quienes increíblemente son contratados para dar cauce a estas fantasías, son aún más ignorantes acerca de la internet (por más que sepan maniobrar con el Dreamweaver), o, peor aún, no les interesa en absoluto cómo es de verdad la comunicación en ese medio del que se dicen especialistas.
En estos días iré desgranando algunos ejemplos acerca de cómo malgastan su tiempo, expectativas y/o dinero quienes buscan su lugar en la web (y tienen con qué hacerlo). Y que cuando fracasan, en general, suponen que el mundo -e internet- han vivido equivocado.
Continúa en BdaB II: I want my MTV