Una de piratas

Estimada Graciela Gioberchio:

He leído una nota firmada por Usted en Clarin Digital (“La industria del disco le da pelea a la crisis y a la piratería“), donde hay apreciaciones algo aventuradas acerca del impacto de la piratería en el mercado musical, y no logro tener en claro cuáles son las fuentes que sustentan dichas afirmaciones.

Dice la nota: “La crisis que vació los bolsillos de la gente y la piratería que se “devoró” el 55% del mercado resultaron una conjunción mortal para la industria del disco…” y más adelante: “… el gran problema de la industria sigue siendo la piratería. En el país, la venta de discos legítimos (los nuevos cuestan entre $ 20 y $ 30, los importados $ 40) representa sólo el 45% del mercado. El 55% restante corresponde a discos compactos “truchos”…”.

A continuación de la última frase se transcriben palabras del señor Salcedo, director ejecutivo de CAPIF, hablando de “organización criminal” en referencia a la llamada “piratería”, por lo que puede suponerse que los datos precitados constituyen una opinión de este señor o de la entidad que representa, sin embargo la cita de los porcentajes mencionados no es clara y se presenta como un dato objetivo, no como la opinión de alguien.

A este respecto, quisiera preguntarle: ¿A quién se refiere su nota -y las opiniones citadas- cuando hablan de “piratas”? ¿Qué estudio o investigación presenta la composición del mercado musical tal como lo describe Usted en su nota?

Las dos preguntas por supuesto, parten de las mismas dudas: el grupo de interés que parece ser la fuente única de su artículo suele llamar “piratas” sin realizar ninguna distinción tanto a niños que intercambian su música por Internet como a vendedores informales de discos grabados sin autorización. Aunque la denominación parece excesiva para cualquiera de los dos (para la Real Academia Española, “pirata” sigue significando “Persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar”), en el caso de los niños, que claramente no están infrigiendo ninguna norma[1], es de una exageración incomprensible.

Y por otro lado, ese mismo grupo de interés también computa entre sus “pérdidas” cada disco compartido, y no sólo los vendidos en ese mercado irregular al que hacía referencia, con la falacia de hacernos creer que ése hubiera sido un disco efectivamente comprado si no hubiera sido compartido por Internet.

Le pregunto por la existencia de alguna investigación seria porque las que conozco afirman exactamente lo contrario que lo que se plantea en su nota. Por ejemplo, la realizada por dos profesores de la Universidad de Harvard y de Carolina del Norte [2], que sostienen que la cantidad de música bajada por Internet que hubiera sido comprada tiende a cero. Y como sabe cualquier músico que no integre la elite de los súper famosos, si más gente escucha su música, lejos de perder dinero por tratarse de copias compartidas, van a tener auditorios más importantes en sus recitales, más demanda de sus canciones en los medios de comunicación, más venta de merchandising, etc. Que para los músicos es lo que cuenta, ya que en general, lo que ganan de sus discos oscila entre nada y menos que nada.

La industria de la música está afrontando una crisis, es cierto, que menos tiene que ver con sus finanzas actuales que con la incertidumbre del futuro. El mismo susto tuvieron cuando se inventó la cinta magnetofónica y luego con el cassette (en ese entonces se acuñó el término bárbaro y abusivo de “pirata”). Pero la música está más viva que nunca. Los músicos tienen herramientas para grabar, editar y distribuir sus creaciones que pocos años atrás requerían de una estructura industrial.

El problema de la llamada industria discográfica es que están viendo cómo rápidamente los músicos dejan de depender de ella[3]. La táctica de supervivencia que han encontrado aquí y en el mundo, consiste en una mezcla por partes iguales de mentiras, amenazas y lobby, en el mundo político, en la prensa, usando a sus artistas más afamados -que probablemente hayan formado su cultura musical escuchando cassettes grabados.

Estimada Graciela, suelo leer sus notas y sé que es una periodista seria y profesional. Sólo le pido que, en estos temas, amplíe un poco más sus fuentes en favor de la mayor riqueza informativa de todos sus lectores, entre los que me cuento. Atentamente,

Patricio Lorente

[1] Nada en nuestra legislación ni en el Convenio de Berna que establece la base normativa para los derechos de autor, indica que sea ilegal que dos personas compartan música protegida por esos derechos, a menos que hubiera exposición pública de esa música o ánimo de lucro.
[2] “The effect of file sharing on record sales“, Felix Oberholzer (Universidad de Harvard) y Koleman Strumpf (Universidad de Carolina del Norte).
[3] Una buena reseña de lo que opinan muchos músicos, puede encontrarla en este artículo titulado “Por favor, pirateen mis canciones“, por Ignacio Escolar.

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