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	<title>Señales de humo &#187; Personal</title>
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		<title>El teniente Origone ataca de nuevo</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Jan 2009 01:50:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No, no se trata de un militar nostalgioso intentando atajos violentos para llegar al poder: es el nombre de uno de los más populares planeadores de madera balsa. Cuando uno era chico hace treinta años e intentaba construir un avioncito, lo habitual era comenzar con el espantoso Dédalo, que consistía en unas pocas tablas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-medium wp-image-434 aligncenter" style="border: 1px solid black;" title="aeromodelismo" src="http://www.patriciolorente.com.ar/wp-content/imagenes/2009/01/31-01-09_1315-300x225.jpg" alt="aeromodelismo" width="300" height="225" /></p>
<p>No, no se trata de un militar nostalgioso intentando atajos violentos para llegar al poder: es el nombre de uno de los más populares planeadores de madera balsa. Cuando uno era chico hace treinta años e intentaba construir un avioncito, lo habitual era comenzar con el espantoso <em>Dédalo</em>, que consistía en unas pocas tablas de madera balsa y un contrapeso en la nariz. El único desafío en la construcción del <em>Dédalo</em> consistía en lograr que las alas tuvieran el ángulo adecuado.</p>
<p>Si uno demostraba el suficiente entusiasmo y lograba convencer a sus padres para que insistieran en su papel de mecenas aeromodelistas, lo natural era ascender al teniente Origone, cuyas alas se construyen con costillas de madera y se recubren de papel, sofisticación que seducía desde que uno extendía el plano sobre el tablero.</p>
<p><span id="more-433"></span>Luego seguía algún modelo con hélice y propulsado por un elástico que se debe retorcer en sentido contrario al del avance, y por lo general allí terminaban las incursiones aéreas. Quizás porque al llegar a ese punto, las chicas o el fútbol, o quizás las dos cosas, comenzaban a interesar más que los avioncitos.</p>
<p>Hace unos días busqué algún modelo para armar con mi hijo y me encuentro con el viejo y recordado teniente Origone. Ni pregunté por el Dédalo, no me pareció que tuviera el suficiente atractivo como para alejar a nadie de la Play Station ni cinco minutos. Y agregamos el Newbery, un modelo de hélice a goma con fuselaje tipo cajón, para avanzar dos escalones de un solo tiro.</p>
<p>Y aquí estamos, nuevamente embriagado por los vapores del barniz y conteniendo la ansiedad para no intentar remontar el vuelo antes de que se seque la pintura.</p>
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		<title>Buenos vecinos</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Mar 2008 19:18:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos trece años que me mudé a la casa donde hoy vivo: un barrio tranquilo, de casas bajas y jardines prolijos. En este barrio hay una pequeña iglesia, a unos cien metros de mi casa, de una religión cristiana no católica que no sé identificar con precisión. Me enteré de la existencia de esta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos trece años que me mudé a la casa donde hoy vivo: un barrio tranquilo, de casas bajas y jardines prolijos. En este barrio hay una pequeña iglesia, a unos cien metros de mi casa, de una religión cristiana no católica que no sé identificar con precisión.</p>
<p>Me enteré de la existencia de esta congregación cuando a los pocos días de mudarme a mi nueva casa alguien tocó el timbre, un sábado a media mañana. Era una pareja -de mujeres o de hombres, siempre recorren el barrio de a parejas y esas parejas sólo se componen de dos mujeres o bien de dos hombres-, que ofreció conversar acerca de la Biblia. Me negué con amabilidad, insistieron en dejarme unos folletos y se retiraron. Pensé que sería un episodio aislado, sin embargo desde entonces, y por un lapso de unos once años, de manera sistemática y periódica, volvieron los fieles a tocar el timbre de mi casa al menos una vez cada quince días.<br />
<span id="more-258"></span><br />
Mi reacción en estos casos ha sido siempre contestar con cortesía pero al mismo tiempo con firmeza y honestidad: <em>&#8220;no hablo con desconocidos acerca de cuestiones de fe&#8221;</em>. A veces ese comentario era suficiente, a veces salían con comentarios sorprendentes acerca de catástrofes. Creo que su fe los lleva a relacionar la tragedia con la existencia de un ser superior, nunca comprendí exactamente la lógica discursiva porque en esos casos me limitaba a repetir en tono más firme, aún amable, que no tenía ningún interés en conversar cuestiones privadas como la fe religiosa con un par de desconocidos.</p>
<p>Supongo que a lo largo del tiempo debo haber ido acumulando un cierto fastidio. Porque uno de esos sábados se combinó de manera explosiva alguna urgencia doméstica con su correspondiente discusión mientras mis expectativas de leer el diario en calzoncillos y tomar mate naufragaba irremediablemente. Pensé que esa temperatura interna no había alcanzado el nivel de malhumor, pero en ese momento sonó el timbre de casa y algo estalló silenciosamente cuando descubrí a dos jovencitas de pollera larga y camisa cerrada hasta el cuello, que sonreían detrás de la puerta.</p>
<p>La sonrisa se les tornó un poco incómoda debido a lo liviana de mi vestimenta, obstinadamente fijaron su vista en mis ojos tratando de abstraerse del resto de mi cuerpo, sobre todo de mis calzoncillos. El primer intercambio fue aún civilizado, aquello de su deseo de conversar acerca de la Biblia y mi respuesta quizás más automatizada y menos amable de lo habitual. El problema fue que esta vez no estaba preparado para soportar un contrarréplica, límite que las chicas cruzaron sin sospechar que acababan de pasar un umbral de no retorno. El diálogo fue más o menos como sigue:</p>
<blockquote><p><em>-Entendemos señor&#8230; ¿pero usted sabe cuánta gente ha muerto por las guerras&#8230;? </em>(quizás esta frase haya sido otra, imposible recordarlo).<br />
<em>-¿Puedo preguntarles algo?</em>, interrumpí<br />
-<em>Cómo no, señor&#8230;<br />
-¿Qué parte de &#8220;no hablo de cuestiones de fe con desconocidos&#8221; no se entiende?<br />
-¿Perdón señor? </em>(sorprendidas)<br />
<em>-Ya me escucharon, y ya les repetí&#8230;<br />
-Señor, disculpe si lo molestamos, ya nos vamos&#8230;<br />
-Las disculparé si me escuchan&#8230;</em> (miradas entre ellas, ya nerviosas).<br />
<em>-&#8230; hace once años que ustedes me visitan los sábados a la mañana de manera sistemática, una vez cada quince días. Supongamos que estoy equivocado, y que vienen en promedio sólo una vez por mes. Supongamos sigo equivocado y que al menos dos meses al año evitan esta calle en su recorrido. Es decir, haciendo un cálculo modesto, ya tocaron el timbre de mi casa diez veces al año, durante once años: ciento diez veces los atendí y ciento diez veces les indiqué, con todo respeto, que no está en mis costumbres ni en mi deseo discutir cuestiones de fe con desconocidos&#8230; ¿es así o me estoy olvidando de algo?<br />
-No, es así, disculpe señor</em> (las chicas intentaban bajar la vista, algo avergonzadas, pero mis calzoncillos les impedía bajar sus ojos de los míos).<br />
<em>-Entonces, ¿qué es lo que no se entiende de lo que les dije ciento diez veces?<br />
-Esta muy claro, disculpe&#8230;<br />
-No terminé aún: estoy empezando a sentir que mi respeto hacia la congregación a la que ustedes pertenecen no es recíproco. Así que aceptaré sus disculpas si hacemos un trato&#8230;<br />
-No entendemos, señor&#8230;<br />
-Por mi parte, les prometo que si cambio de idea acerca de la posibilidad de discutir cuestiones de fe con extraños, iré personalmente hasta su iglesia y solicitaré consejos y opiniones&#8230;<br />
-Muchas gracias, señor</em> (las sonrisas, tímidamente, volvieron a aparecer por un instante).<br />
<em>-Esa es mi parte del trato. La parte de ustedes es mucho más simple: cuando terminen el recorrido de hoy y se junten con los feligreses a compartir las noticias del día, les contarán esta conversación conmigo y les dirán que se han comprometido a borrar mi casa de sus mapas hasta que yo cambie de opinión acerca de los temas que no discuto con desconocidos -o bien hasta que otras personas vivan en esta casa, en cuyo caso no me importa que vuelvan a tocar este timbre. ¿Estamos de acuerdo?</em></p></blockquote>
<p>Quizás porque querían huir de inmediato de mi furia calma o de mis calzoncillos, o de ambos, quién sabe. La cuestión es que durante un año y medio veía las parejas de predicadores revoloteando por el barrio pero evitando con todo cuidado detenerse en mi puerta. Educado para tratar con amabilidad a los extraños, comencé incluso a sentir cierta incomodidad por haber maltratado a esas dos jóvenes mujeres que sólo trataban de transmitir algo que para ellas era de importancia vital. Sin embargo, hace seis meses, casi como al descuido, otra pareja de creyentes tocó el timbre como al descuido. Los despaché rápido, pero no les recordé aquél pacto. Creí que había sido una distracción. Tres meses luego, sucedió nuevamente. Al mes y medio volvieron a reincidir. Y a las tres semanas. </p>
<p>Ya se esfumó todo vestigio de arrepentimiento. O la congregación cambió de mapa y ha vuelto a figurar mi domicilio o los predicadores me toman de boludo. Y los veo muy metódicos como para perder los mapas.</p>
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		<title>Clase de tango</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Dec 2007 00:45:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[tango]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando el lider del grupo Guardia Tanguera señaló que debíamos olvidarnos del &#8220;paso básico&#8221;, debo confesar que me sentí aliviado: el &#8220;paso básico&#8221; en el tango es una figura que consta de ocho pasos, por más básico que sea se empeña en enredar la piernas torpes de este servidor y fracasa antes de comenzar todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando el lider del grupo <strong>Guardia Tanguera</strong> señaló que debíamos olvidarnos del <em>&#8220;paso básico&#8221;</em>, debo confesar que me sentí aliviado: el <em>&#8220;paso básico&#8221;</em> en el tango es una figura que consta de ocho pasos, por más básico que sea se empeña en enredar la piernas torpes de este servidor y fracasa antes de comenzar todo intento de recibirme de porteño.</p>
<p>Pero esta vez, en el patio del rectorado de la Universidad Nacional de La Plata, el profe arrancó derribando un mito: <em>&#8220;El paso básico&#8221;</em>, dijo, <em>&#8220;no es obligatorio, es sólo una figura más de las que hay tantas en el tango. De hecho&#8221;</em>, agregó, <em>&#8220;es muy difícil utilizar el paso básico en una milonga concurrida: uno suele estar más concentrado en no chocar con otras parejas&#8221;</em>.<br />
<span id="more-192"></span><br />
<em>&#8220;Magnífico&#8221;</em>, pensé, <em>&#8220;esto es tango real y no mera coreografía&#8221;</em>, como si ése hubiera sido el motivo de anteriores fracasos y no mi infinita torpeza. Algunos años atrás un profesor de tango me había largado un discurso indignado donde daba cuenta de las diferencias entre el tango y el feminismo. Parece que en mi frustrado intento de realizar la maldita coreografía del paso básico no caía en la cuenta que relegaba la conducción en mi pareja&#8230; y eso, en el tango, es crimen imperdonable.</p>
<p>El tipo insistió: <em>&#8220;lo único imprescindible para bailar tango es saber caminar el salón&#8221;</em>. Y a partir de allí comenzó a dar instrucciones simples seguidas de ejercicios donde se ponían en práctica esas sencillas instrucciones. Pero lo realmente curioso es que a la media hora me encontraba bailando tango -pobremente, claro, pero tango al fin.</p>
<p><em>Guardia Tanguera</em> es una asociación que disfruta con esto del tango -bailando y enseñando- y suelen encontrarse dando clases gratis o a la gorra en distintos lugares de La Plata, recomiendo mirar en todo caso los suplementos de cultura y espectáculos de los diarios locales. <em>Especialmente recomendado para torpes y tímidos</em>.</p>
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		<title>Nieve en mi ciudad</title>
		<link>http://www.patriciolorente.com.ar/2007/07/nieve-en-mi-ciudad/</link>
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		<pubDate>Tue, 10 Jul 2007 22:02:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No es Bariloche, es la República de los Niños, nevada por primera vez en su historia. Es un lugar común hablar de la nieve en estas horas, pero nunca tuve la pretensión de ser original.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><img src='/wp-content/imagenes/nieve.jpg' alt='nieve en gonnet' /></center></p>
<p>No es Bariloche, es la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rep%C3%BAblica_de_los_Ni%C3%B1os" target="_blank">República de los Niños</a>, nevada por primera vez en su historia.</p>
<p>Es un lugar común hablar de la nieve en estas horas, pero nunca tuve la pretensión de ser original.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Patriotismo acomplejado</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Jun 2007 12:54:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mundo loco]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy se recuerda la muerte de Manuel Belgrano, prócer de la independencia de la Argentina y creador de la bandera, símbolo máximo de la patria que nacía en los diez últimos agitados años de su vida. En su honor se celebra el Día de la Bandera, y en consecuencia las tapas de todos los diarios [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy se recuerda la muerte de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Belgrano" target="blank">Manuel Belgrano</a>, prócer de la independencia de la Argentina y creador de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bandera_argentina" target="_blank">bandera</a>, símbolo máximo de la patria que nacía en los diez últimos agitados años de su vida.</p>
<p>En su honor se celebra el <em>Día de la Bandera</em>, y en consecuencia las tapas de todos los diarios reflejan la presencia de la <em><a href="http://www.clarin.com/diario/2007/06/20/sociedad/s-03201.htm" target="_blank">bandera más larga del mundo</a></em> en los actos previstos. Una bandera de 13.000 metros de largo.<br />
<span id="more-144"></span><!--more--><br />
En el trayecto matutino hacia las obligaciones escolares de los niños y laborales de los padres, tuve la oportunidad de escuchar al mentor de esta ridícula obra de acomplejado patriotismo.</p>
<p>Es decir: los conceptos vertidos por este señor (lleno, no lo dudo, de buenas intenciones) ratificaron mi idea de que esta bandera expresa un patriotismo minusválido y vergonzante, que necesita expresar su importancia en cientos de miles de metros cuadrados de tela <em>real</em> porque no percibe, o peor aún, ha perdido importancia <em>simbólica</em>. Y la bandera es eso: un símbolo; que vale más en dos centímetros de tela condecorando la solapa de quienes se sienten cobijados por ella que por esa monstruosidad confeccionada con el objetivo de ingresar en la más conocida enumeración de sucesos ridículos. Sí, el libro Guiness de los récords.</p>
<p>¿Tanta es la necesidad de reconocimiento nacional, tan acomplejado se encuentra nuestro fervor patrio que cientos de personas se juntan para que la bandera aparezca en el Guiness? <em>Una estupidez en toda la línea</em>.</p>
<p>Y disculpe el que crea que estoy siendo irrespetuoso: es que en los últimos días he leído tantas noticias acerca de personas desprotegidas que han muerto de frío que no puedo evitar indignarme. Y han muerto en la misma patria que esa enormidad inservible de 13.000 metros de largo representa (pero que no la representa más que los pocos centímetros que mencionaba más arriba); quizás unos pocos metros de esa tela les hubieran brindado cobijo real y no mero amparo simbólico.</p>
<p>Decía el creador de este engendro que en las escuelas se ponían alcancías para que los niños aportaran sus monedas a la concreción de esta obra. ¿Pero cómo se honra mejor la memoria de Belgrano y la bandera misma? ¿Convirtiendo a la bandera en un fetiche que hay que adorar <em>per se</em> con patéticas obras faraónicas o enseñando que la bandera es símbolo de nuestra unión como pueblo y que esas monedas pueden ayudar a compatriotas abandonados en la miseria por nosotros mismos?</p>
<p>En fin, no cuenten conmigo. No necesito récords ridículos. Los dos centímetros cuadrados de cinta celeste y blanca que engalanan mi pecho me alcanzan y me sobran.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Las tizas no se manchan con sangre.</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Apr 2007 21:43:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[argentinismos]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy somos todos Carlos Fuentalba.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hoy somos todos Carlos Fuentalba.</p></blockquote>
]]></content:encoded>
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		<title>La lucha de las mujeres</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Apr 2007 00:51:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Menos mal que una propaganda de shampoo me acaba de desasnar y ahora sé cuál ha sido la lucha más importante en la historia de las mujeres. No, no ha sido la lucha contra la esclavitud (que en algunos tiempos y lugares asumía formas mucho más crueles que la esclavitud de los hombres). Tampoco la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Menos mal que una propaganda de shampoo me acaba de desasnar y ahora sé cuál ha sido la lucha más importante en la historia de las mujeres.</p>
<p>No, no ha sido la lucha contra la esclavitud (que en algunos tiempos y lugares asumía formas mucho más crueles que la esclavitud de los hombres). Tampoco la lucha por los derechos civiles, ni menos aún por el trabajo digno. No ha sido por la igualdad de derechos y de trato, pero tampoco ha sido por los derechos sexuales y reproductivos&#8230;<br />
<span id="more-140"></span><br />
La lucha más importante, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=S8Rzw7bBnzc" target="_blank">según el shampoo</a>, ha sido <em>contra la gravedad</em>. Ahora nos enteramos que las mártires que ha ofrendado sus vidas por los derechos de las mujeres, en realidad estaban embarcadas en una cruzada para que no se les caiga el culo, ni las tetas, ni el pelo. <strong>Gracias por avisarme</strong>.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Secuestro virtual</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Feb 2007 14:30:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
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		<category><![CDATA[seguridad]]></category>

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		<description><![CDATA[La historia se repite con leves modificaciones todo el tiempo: llaman a tu casa, indagan con poca sutileza acerca de la composición familiar y luego (en el mismo o en otro llamado) afirman que justo ese miembro de la familia que no se encuentra en la casa está secuestrado y a veces malherido, y que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La historia se repite con leves modificaciones todo el tiempo: llaman a tu casa, indagan con poca sutileza acerca de la composición familiar y luego (en el mismo o en otro llamado) afirman que justo ese miembro de la familia que no se encuentra en la casa está secuestrado y a veces malherido, y que el pago de un rescate con lo que tengas en ese momento es la condición para liberarlo.</p>
<p>El secuestrado, ingnorante de la situación, está fuera de casa pero por los motivos más triviales (trabajando, en una fiesta, haciendo mandados, o simplemente ya se ha independizado y no vive más allí).<br />
<span id="more-137"></span><br />
Anoche le sucedió a mi suegro, con un relato ya trillado, pero que la confusión del sueño (la llamada fue a las tres de la madrugada) y el susto convierten en verosímil. Es más o menos así:<br />
<em><br />
-&#8221;Disculpe la hora, ha habido un accidente y una de las personas heridas nos ha dado este teléfono. Lamentablemente no puede hablar mucho porque se encuentra muy mal. ¿Falta alguien en su casa?&#8221;</em></p>
<p>Si la persona que contestó la llamada dice algo como <em>&#8220;sí, mi hijo Pedro, ¿cómo está, qué pasó?&#8221;</em>, la conversación cambia instantáneamente de un accidente a un secuestro: <em>&#8220;tenemos a Pedro, si  querés que lo soltemos (y sigue el pedido de rescate)&#8221;</em>.</p>
<p>En circunstancias normales esto sonaría un poco raro, pero en estos tiempo violentos más la circunstancia de la hora del llamado, más el tono imperativo e impiadoso del interlocutor, tornan urgente la respuesta y el rescate.</p>
<p>Una compañera de trabajo recibió, hace meses, un llamado que repitió, punto por punto, la misma historia, y conozco una buena cantidad de personas que pasaron por la misma experiencia con un relato que sufría leves variaciones. En todos los casos se indagaba acerca de nombres y detalles familiares antes de brindar ninguna información concreta acerca de la supuesta víctima. Ã‰sa es la primer clave: al pasar por una situación similar hay que intentar mantener la cabeza fría y exigir información acerca del accidentado antes de revelar ningún dato (cómo es la persona, en qué auto viajaba, dónde se encontraba, etc.). Y bajo ninguna circunstancia dar información acerca de la familia a extraños que no pueden explicar con precisión los motivos de su indagatoria.</p>
<p>La alternativa es contestar con un dato falso y así probar al interlocutor: si su hijo es Pedro, preguntar por su (inexistente) hija Viviana. Si efectivamente hubo un accidente y Pedro se encuentra en verdaderos problemas le dirán que se trata de un hombre en ese mismo instante.</p>
<p>Parecería ser que los llamados son hechos al azar. Según he consultado, no hay una elección deliberada de la víctima, y en casos sucedidos hace meses no ha existido ningún tipo de contacto posterior por más que la persona que haya contestado al llamado se haya dado cuenta de la trampa y haya cortado entre insultos. Es, dentro de todo, un alivio: pasado el susto no hay motivos para preocuparse más allá de lo razonable.</p>
<p>Cuento esta breve anécdota familiar intentar prevenir: que circulen estas historias ayuda a que este tipo de llamadas sean menos creíbles y que el mal momento termine cuando se cuelga el teléfono con el fracaso de los extorsionadores.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Capitalismo infantil y fiestas salvajes</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Oct 2006 21:40:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mundo loco]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8220;Las fiestitas infantiles son la expresión más acabada del capitalismo salvaje&#8221;, decretó un amigo mientras se abalanzaba sobre unas papafritas. Por supuesto, estábamos en la tradicional mesa &#8220;de los grandes&#8221; de un cumpleaños infantil mientras a pocos pasos el animador se ganaba esforzadamente unos dineros con distintas habilidades circenses. Qué lo tiró, pensará más de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>&#8220;Las fiestitas infantiles son la expresión más acabada del capitalismo salvaje&#8221;</em>, decretó un amigo mientras se abalanzaba sobre unas papafritas. Por supuesto, estábamos en la tradicional mesa &#8220;de los grandes&#8221; de un cumpleaños infantil mientras a pocos pasos el animador se ganaba esforzadamente unos dineros con distintas habilidades circenses.</p>
<p><em>Qué lo tiró</em>, pensará más de uno, <em>¿no será mucho?</em> Es probable. Sucede que el amigo en cuestión es escritor y su profesión le impone el mandato de ser original. Como casi todos los rasgos profesionales, se ha extendido sobre su carácter como una mancha de aceite y luego de varios años de darle al teclado, ahora siente que debe ser original <em>siempre</em>. No podía decir <em>&#8220;qué lindas las fiestitas infantiles&#8221;</em>. Tampoco <em>&#8220;las fiestitas infantiles me aburren a morir&#8221;</em>. No, él tenía que decir algo así como <em>&#8220;las fiestitas infantiles son la expresión más acabada del capitalismo salvaje&#8221;</em><br />
<span id="more-115"></span><br />
Entre las papafritas y los sánguches de miga, le pedimos que ampliara: <em>&#8220;Es la venta de la felicidad envasada. Siempre el mismo formato, los mismos juegos, la misma comida: una especie de felicidad estandarizada e industrializada&#8221;</em>.</p>
<p>Ignoro si el tema dio para mucho más, se acercaba la hora del partido San Lorenzo &#8211; Estudiantes y debí partir. Sin embargo la frase siguió rebotando entre mis parietales. Descarté las objeciones más obvias: supongo que lo del capitalismo salvaje fue un lapsus y en realidad se refería la sociedad de consumo (no son sinónimos). La crítica de Juan (llamemoslo así al amigo escritor) a las fiestas infantiles, en ese caso, iba más por el lado de denunciar un eslabón más en la cadena que nos convierte en consumidores antes que en ciudadanos, padres, familia, etc. etc. <em>¿Será cierto?</em>, pensé, <em>¿es el mercado el que nos impone el formato de este tipo de rituales, deshumanizando nuestras relaciones más íntimas, más familiares?</em></p>
<p>La verdad es que no recuerdo que alguna vez haya sido distinto: cuando yo era niño, las casas de fiestas infantiles existían pero su uso era más bien extraordinario; aún así, las características de las fiestas seguían un formato común que variaba levemente de acuerdo a la edad, a la billetera familiar y a escasas innovaciones que en caso de éxito se incorporaban de inmediato al formato básico.</p>
<p>No creo que sea el mercado el que imponga un estándar en estos rituales domésticos, más bien somos los individuos los que necesitamos crear tradiciones que nos resuelvan algunos hitos familiares y del calendario sin necesidad de inventar. No sólo porque, en mi caso, la sola contemplación de la actividad frenética del animador tratando de conducir la también frenética actividad de los infantes me agota y me abruma. No sólo porque sería incapaz de mantener entusiasmada a una jauría de niños por más de diez minutos. Sobre todo porque no es posible ser creativos cada vez que nos toca organizar una celebración sin arriesgar a cosechar más fracasos y decepciones que éxitos.</p>
<p>Lo cierto es que no veo en esta necesidad una consecuencia de la sociedad de consumo y mucho menos del capitalismo salvaje. Las experiencias colectivistas estandarizaban aún más sus ritos sociales: probablemente no contrataban ni el animador ni la casita de fiestas ni el catering con papas fritas incluídas, pero en cuanto a repetir formatos quizás fueran más exigentes que las leyes del mercado. Conozco algunos personajes que intentan sorprender en todos y cada uno de sus festejos. A todos ellos les sobra el dinero: <em>la originalidad y/o el tiempo que demanda ser originales sale mucha plata</em>.</p>
<p>Al fin y al cabo, la felicidad envasada quizás resulte ser más igualitaria y accesible que la felicidad a medida. <em>No será lo mismo, no importa: si existe refugio lejos del pelotero, si el animador distrae a los niños con eficacia, si en ese refugio hay además bebida, comida y amigos; cuenten conmigo. Inviten a Juan para cualquier invento que no parta de estas condiciones mínimas.</em></p>
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		<title>Desastre ecológico</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov -0001 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Finalmente la promiscua de nuestra gata tuvo sus hijos y el ecosistema hogareño se fue al carajo -nuevamente. Para más detalles: los gatitos son nada menos que seis y la gata eligió de padrillo al gato más feo y berreta del barrio -lo que me recuerda cierto aspecto incomprensible del alma femenina-, circunstancia que hará [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente la promiscua de nuestra gata tuvo sus hijos y el ecosistema hogareño se fue al carajo -nuevamente.</p>
<p>Para más detalles: los gatitos son nada menos que seis y la gata eligió de padrillo al gato más feo y berreta del barrio -lo que me recuerda cierto aspecto incomprensible del alma femenina-, circunstancia que hará mucho más difícil encontrar hogares dispuestos a adoptarlos.<br /><span id="more-18"></span><br />Pero ése será el final de una larga historia que comenzó mucho antes y que tiene, además de la gata, a los siguientes protagonistas:</p>
<p>1. Tania: la jefa e ideóloga. También mi mujer y madre de mis hijos. Se enternece ante cachorros de cualquier especie, pero su ternura no incluye hacerse cargo de las cuestiones terrenales de una mascota, como recordar que deben comer todos los días o -menos aún- limpiar sus desechos. Nuestra gata es el ejemplo más logrado. Decidió comprarla en un arranque de sensibilidad femenina y el mismo día que la trajo a casa me enteré de que no se acercaría jamás a la michifuza porque <span style="font-style: italic;">&#8220;los gatos me dan cosa&#8221;</span>.</p>
<p>2. Sofía: la aliada. Sofía es nuestra hija de once años, la única que le presta atención a la gata. Le habla, la mima, la trata como si fuera efectivamente su mascota. De hacerse cargo (en el mismo sentido que más arriba), ni hablar. Igual, la gata la adora y la sigue como si fuera un perro faldero.</p>
<p>3. Joaquín: la excusa. Joaquín es nuestro hijo de cinco años, su nombre fue esgrimido como motivo esencial a la hora de justificar la llegada de la bestia. Se supone que los niños deben estar rodeados de mascotas. Joaquín la ignora la mayor parte del tiempo y la fracción restante la maltrata.</p>
<p>4. Patricio: la víctima. O sea, yo. También apodado el insensible. En mi opinión, los animales adaptados a la atmósfera terrestre deben vivir fuera de casa, a excepción de las cucarachas, y esto último no por mi voluntad. Respecto de la gata, limpiar y reemplazar las piedritas sanitarias, darle de comer, llevarla al veterinario, darle la medicación para los parásitos, fueron todas tareas que naturalmente tuve que resolver en soledad. A pesar de eso, la gata me odia, lo que sigue dando buenas pistas acerca del alma femenina. En cuanto la gata tuvo un tamaño suficiente, impuse lo poco de autoridad que me quedaba y logré mandarla a dormir en el jardín. Hasta que tuvo su primer embarazo. Tania y Sofía, enternecidas, volvieron a abrirle la puerta a pesar de mis protestas.</p>
<p>Un día estando fuera de casa, recibí una llamada de urgencia: habían comenzado los síntomas del parto. &#8220;¡Vení ya!&#8221; gritaban a coro y al borde de la desesperación las mujeres de la casa. &#8220;¿Para qué?&#8221;, preguntaba yo, &#8220;¿qué necesita esa gata de mí?&#8221;. La respuesta unánime. &#8220;¡Qué malo que sos, no te interesa nada nuestra gata!&#8221;</p>
<p>Por supuesto, la gata sabía perfectamente qué hacer y prescindió de mí, y obviamente, las mujeres también, incluso de mis mejores consejos. &#8220;Llevemos a la gata afuera, al lavadero, que tenga los gatitos allí&#8221;. Opinión propia de un desalmado. &#8220;Es que si la dejamos adentro va a parir cuando estemos dormidos adentro de un armario o arriba de una cama&#8221;. Pobre gatita, a punto de parir y vos pensando en eso.</p>
<p>En fin, tuvo a sus gatitos a la madrugada y sobre la cama de Joaquín. En aquella oportunidad, cinco. No esperó a destetarlos, no nos dio tiempo siquiera para subirla a la mesa de cirugías, que preñó nuevamente. Nuestra esperanza de que el padre fuera el gato blanco que viene todos los días a nuestra puerta, se desvaneció con el primer cachorro, y con él, toda posibilidad de ubicar con facilidad a los nuevos gatitos.</p>
<p>Por supuesto, toda la escena del parto anterior se repitió idéntica. Es probable que luego de este episodio el colchón de Joaquín haya pasado a mejor vida, aún falta hacer un recuento de daños. La gata, naturalmente, vuelve a dormir adentro con su cría hasta que nos deshagamos de la prole. Por ende, entre otras cosas, las piedritas sucias vuelven a formar parte de mis tareas cotidianas. Por favor, algún alma caritativa que me recuerde, dentro de aproximadamente un mes, que tengo una cita impostergable con el veterinario.</p>
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