La verdad, no pensaba escribir nada sobre este tema. Pero un entredicho en Twitter con el Chavo Fucks me empuja a tratar de hilar algunas observaciones en un formato algo más amigable.
Demás está decir que Twitter tiene grandes cosas, como la de permitir un intercambio casi horizontal entre un periodista como el Chavo, que admiro y cuyos oyentes se cuentan por legiones, y yo, un perfecto desconocido.
Me dejó algo picado, sin embargo, su último tweet: mis obviedades y discusiones inútiles le provocaron escozor. Es probable que los 140 caracteres (y mi torpeza) hayan convertido en obvio e inútil algo que no lo es. En esta nota podré prescindir de los 140 caracteres -aunque no de mi torpeza- e intentaré explicarme algo mejor.
Todo comenzó con una nota de la periodista Florencia Canale acerca del Decreto 936/2011 de Protección Integral a las Mujeres, mejor conocido como “la prohibición del rubro 59″.
El artículo de Canale se centra en la proliferación de cuerpos femeninos en permanente actitud de oferta que hay en la TV, sobre todo en la TV abierta. Se explaya acerca de los apenas disimulados circuitos de la prostitución VIP que junta a mediáticos, deportistas famosos y celebridades con las portadoras de aquellos cuerpos.
Muy bien escrita, la nota despierta sentimientos: es que ese circo es un insulto a la dignidad de la mujer, y Florencia Canale hace una descripción muy lograda. Ahora bien, ese revoleo de gatos y piel brillante que muestra la TV no tiene nada que ver con el decreto del rubro 59, y no me parece ni obvio ni inútil señalar la diferencia.
Me explico: el decreto en cuestión, más allá de una larga serie de considerandos, tiene la finalidad explícita de “prevenir el delito de Trata de Personas con fines de explotación sexual y la paulatina eliminación de las formas de discriminación de
las mujeres”, tal como dice su artículo 1.
La prostitución y la trata de personas son cosas bien distintas. De hecho, una es una actividad lícita y la otra es un delito. Y aclaro: esto es un dato, no una consideración moral. Y aclaro aún más: no es una distinción menor.
Muchas de las personas (no sólo mujeres) que se dedican a la prostitución no están siendo explotadas más que por la injusticia del propio sistema que no les ha dejado otro recurso que su cuerpo para sobrevivir.
Confundir esas dos cosas a lo único que contribuye es a criminalizar personas que por su actividad tienen que soportar no poca persecución. Pueden encontrar mucho más detalle y fundamentación en los documentos de AMMAR, el sindicato de mujeres trabajadoras sexuales, integrante de CTA, compuesto por quienes conocen bastante de explotación.
Por supuesto, los gatos de la TV no tienen nada que ver con las integrantes de AMMAR. Pero la nota contribuye a la confusión cuando desde la misma bajada señala que “El decreto que prohíbe los avisos de oferta sexual combate la prostitución masiva”. (La itálica es mía)
Una vez más, a favor de la periodista, debo señalar que lo más probable es que ella no haya escrito esa bajada. Pero lo cierto es que encuadra la nota mezclando peras y manzanas y condiciona el resto de la lectura.
No me parece que se trate de cosas tan obvias, de hecho, creo que hay que tener mucho cuidado en diferenciar las situaciones. Bienvenidas las iniciativas destinadas a luchar contra delitos aberrantes como la trata y la explotación sexual, pero cuidémonos de no poner en estado de mayor vulnerabilidad a quienes ya se encuentran en una situación precaria.
Bienvenida también la lucha contra la degradación de la mujer, que tanto promueve cierta TV. Pero sabiendo que una cosa son peras, y otras manzanas.