¿Quién le debe a quién?

A fines de los noventa, Horacio Potel, profesor de filosofía de la Universidad Nacional de Lanús, fascinado por las posibilidades que ofrecía internet, comenzó a armar sitios con recopilaciones, ensayos y textos de y sobre sus pensadores favoritos. Comenzó con Nietzsche y de a poco fue desarrollando una pequeña biblioteca de filosofía en la web.

Potel es un hombre seducido por el pensamiento de Jacques Derrida, de manera que también creó un sitio sobre este filósofo argelino. Lo que no se imaginaría el profesor de la UNLA es que su tarea de divulgación era una empresa criminal.

Efectivamente, la editorial que publicaba a Derrida (fallecido en 2004), ha realizado una denuncia penal y la Cámara Argentina del Libro ha iniciado una causa contra Horacio Potel que “lo ha obligado bajar los textos de Derrida de su sitio y enfrentarse con una eventual pena privativa de libertad que oscila entre un mes y seis años”.

Como es posible imaginar, Horacio Potel lleva todas las de perder. El presidente de la Cámara Argentina del libro justificó la denuncia diciendo que “sin derecho de propiedad intelectual no existe edición posible. Y creo que menos la posibilidad de producción intelectual”.

Sin embargo, éste parece ser un claro contraejemplo de ese mantra que se repite sin justificación ni prueba alguna: no es aventurado afirmar que que Potel le ha aportado centenares de miles de lectores hispanoparlantes a Derrida, cuyo sitio, según la nota de Clarín citada, lleva cuatro millones de visitas.

Más de una vez he mencionado la única investigación seria e independiente que conozco acerca del efecto del intercambio de música via redes p2p sobre la ventas de discos. Se trata de un estudio realizado en las universidades de Harvard y de Carolina del Norte (EEUU) que indica que el efecto es “indistinguible de cero” en el peor de los casos y que en ocasiones estimula la venta de discos. Todo lo contrario de lo que pregonan las discográficas.

En el caso de Potel no creo que sea diferente, Si él lograra reunir a todos los que han comprado libros de Derrida a partir de las lecturas ofrecidas por su sitio web, es probable que la editorial le esté debiendo, además de plata, una disculpa.

Y será, además, una buena oportunidad para revisar de qué manera se debe regular, hoy, el derecho de autor.

Actualización al 2 de marzo de 2009.

Algunas repercusiones:

11 comentarios en “¿Quién le debe a quién?

  1. Excelente comentario. Agregaría que la regulación de derechos debería detener su debate en la explotación comercial de los “productos culturales” y no adentrarse en las relaciones sociales que no conllevan lucro (compartir, informar, educar, etc.).
    Arrogarse la propiedad sobre la cultura humana es un acto de totalitarismo peligroso, ya que todos sus productos (incluidos los que comercializa la “industria cultural”) son recreaciones realizadas de fragmentos existentes y no originalidades alienígenas. Además, reducir las relaciones humanas hasta entenderlas sólo como relaciones comerciales debería ser un pensamiento combatido firmemente por todas las sociedades.

  2. ¿¿Justo Derrida? Me pregunto si sus editores habrán leído los libros que publican. Tiene ideas interesantes sobre el surgimiento del concepto de autor y de los derechos de autor, que incomodarían bastante a sus editores. Habría que decosntruir su discurso a ver que sale.

  3. Como siempre, muy atinado, Rata. Quizás el presidente de la Cámara del Libro no leyó un párrafo, pero sus propios editores, que no bien enterraron al pobre Jacques salieron por el mundo a cazar incautos…

  4. Cierto que seguramente sus propios editores no son coherentes con el pensamiento de Derrida, pero este ejemlo de lo que pasa con él nos demuestra que no alcanza con decir las cosas, escribirlas, pensarlas. Desarrollar un pensamiento sin llevarlo a la práctica no alcanza. El propio Derrida desarrolló un pensamiento realmente original e interesante al respecto, pero en la cruda práctica, sus textos tienen copyright clásico y ahí están, cubiertos por una ley que sabemos que está mal. ¿A qué voy con esto? no a culpar a Derrida de nada, por supuesto, pero a llamar la atención a que si no vamos a la práctica concreta de la resistencia y el activismo contra leyes injustas, entonces finamente los que promueven esas leyes salen ganando.

    En este tema más que en todos: ¿Quién no sacó fotocopias cuando estudiaba? ¿Quién está dispuesto a salir a discutir la 11723 porque no se condice con las prácticas socialmente útiles y positivas de compartir cultura? La proporcioÅ„ es bajisima.

    Esto que le pasó a Potel, le puede pasar a cualquier docente que deje libros en fotocopiadora, a las fotocopiadoras que proveen a nuestros estudiantes, a cualquiera de nosotros. ¿Vamos a esperar que vengan por nosotros para salir a discutir?
    ¿Cuántos docentes usan fotocopias de libros a mansalva, pero después tienen terror de que les “roben” sus trabajos?
    A ver, si cumplimos la 11723 se nos cae el sistema educativo completo. ¿Quién va a salir a decir eso? Por ahora casi nadie.

  5. Pingback: chiflame.net
  6. Es tan lamentable que no se puede creer. Sólo podemos difundir al máximo la noticia para que a los de la Cámara Argentina del Libro se les caiga la cara de vergüenza (si es que tiene de eso). Y la mayoría seguro que nunca han abierto un libro de estos autores (me gustaría ver la cara de Derrida si pudiera leer todo esto que se está montando! Sería capaz de regalar sus libros a la puerta del Metro).

  7. Seguramente a alguien (a alguno de sus abogados, espero) se le ocurrira apelar al concepto de “fair use” tan comunmente aducido en el sistema anglosajon. Si no existiera la possibilidad de difusion no comercial el absurdo seria tal que el derecho patrimonial prevaleceria sobre el de la libertad, uno de los tres valores fundamentales de la civilizacion occidental y desde siempre, consignado en toda lay fundamental y tratado existente sobre derechos humanos. Estariamos todos sometidos al estado de propiedad, no al de derecho. De momento parece que la casuistica favorece al consumidor, pero es lo logico; es lo que hace el derecho nuestro, el civil, favorece la parte mas debil, en el contexto de los bienes la parte debil es la que usa, posee o habita, no el propietario. Es coherente con el espiritu moralizador de nuestros codigos de toda la vida…Ademas, por que la nocion de propiedad intelectual no incluye la limitacion imponible a los derechos reales (una casa, una finca, etc) en lo que se refiere a servidumbres, otras cargas, servicio social, bienestar general, etc?
    Falta mucho por desarrollar en este campo. Y mientras la regulacion existente no sea razonable, entendible, aceptable y por ende legitima, cada ama de casa, estudiante, adolescente, padre de familia y vecino sera un criminal en potencia; Convertido en delincuente por el malentendido y demagogico concepto de la seguridad juridica…absurdo!

  8. Tal vez el de la cámara argentina del libro se olvida la institucionalización por parte de la universidades nacionales de la ilegalidad aceptada. Es decir un ejemplo paradigmaático es el libro “Cálculo de James Stewart” muy usado como apunte en las ingenierías … que muy bien dice “prohibida toda copia parcial o total” sin embargo es bien sabido que en el centro de estudiantes de la FCE* se lucra con piratear esto y no he visto denuncia por parte de la cámara… Es decir todo en válido mientras no hagas pipi desde el trampolín…
    entonces este tipo de leyes inaplicables están para eliminar a
    molestos más que para defender a quienes pretende defender…

Responder a Patricio Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *